Tensión interna y renuncias: el costo político y social de un rumbo peligroso sin frenos

El gobierno de Javier Milei enfrenta sus primeras fracturas visibles, entre advertencias internas, renuncias clave y crecientes señales de desgaste y autoritarismo

Redacción Revista El Comercio – 18 de julio de 2025


En medio de un autoritarismo cada vez mas peligroso, una economía tensionada y un clima social cada vez más reactivo, el gobierno nacional atraviesa sus semanas más complejas desde el inicio de la gestión. Las renuncias de figuras clave, los desacuerdos estratégicos dentro del propio gabinete y la incertidumbre institucional han encendido luces de alarma tanto en el oficialismo como en sectores aliados.



Aunque el presidente Javier Milei mantiene un discurso firme y muy personalista, diversos analistas advierten que las políticas aplicadas con intensidad y sin márgenes de diálogo podrían estar comenzando a pasar factura. La salida de funcionarios que supieron ser parte del núcleo duro del proyecto libertario revela una creciente distancia entre la visión presidencial y la operatividad real del Estado.




En los pasillos del Congreso y en la calle, la sensación de improvisación y de aislamiento político crece. La concentración de decisiones en un círculo reducido, la falta de consensos federales y las reformas estructurales impulsadas a gran velocidad están generando fricciones tanto en la coalición gobernante como en sectores empresariales, sociales e incluso internacionales.




El caso más resonante de los últimos días es la renuncia indeclinable de un alto funcionario económico, cuyas diferencias con la “velocidad del ajuste” y la escasa planificación de contención social habrían sido determinantes. Aunque el vocero presidencial intentó minimizar el impacto, la señal fue clara: no todos están dispuestos a acompañar a ciegas un modelo que muchos califican como “ensayo peligroso” en medio de un país ya herido.




El futuro inmediato del gobierno dependerá, en gran parte, de su capacidad de corregir el rumbo o, al menos, abrir márgenes de autocrítica y racionalidad política. De lo contrario, el escenario podría volverse aún más inestable, con consecuencias que excedan lo económico.