Amenaza de bomba en el show de Lali Espósito
Cuando el odio desde el poder deja de ser retórico y empieza a volverse una amenaza real.
Una llamada anónima al 911, poco antes de las 21 horas del viernes 1 de agosto, generó la evacuación parcial del estadio Aldo Cantoni en San Juan, donde Lali Espósito se preparaba para dar su recital. El operativo, activado por personal de la policía provincial, bomberos y brigada antiexplosivos, concluyó sin hallazgos y el show finalmente se realizó con atraso. Sin embargo, el mensaje que subyace tras el hecho resulta mucho más inquietante que la ausencia de explosivos .
El audio filtrado del llamado revela una voz masculina que afirma: “Hemos puesto un artefacto explosivo… porque no queremos que esa ‘negra p… kirchnerista’ actúe”, en clara referencia a Lali Espósito . Estas expresiones discriminatorias y cargadas de odio político no operan fuera de contexto: la cantante ya había sido objeto de burlas y descalificaciones por parte del presidente Javier Milei, quien la apodó “Lali Depósito” en alusión a supuestos lazos con gobiernos anteriores.
Aunque Lali no ha manifestado oposición directa al gobierno, fue convertida en blanco del estigma público desde círculos afines al poder. Lo ocurrido en San Juan no puede interpretarse como un episodio aislado, sino como la derivación de discursos que, antes simbólicos, hoy se transforman en amenazas reales .
En una sociedad donde se naturaliza el señalamiento público, y donde voces disidentes—artistas, periodistas, referentes—son etiquetadas como ajenas al sistema, este tipo de incidencias no puede minimizarse. Es sintomático de un cambio de fase: del lenguaje ofensivo desde lo institucional al amedrentamiento tangible.
Si no se interviene desde los niveles políticos y judiciales correspondientes, lo que hoy se presenta como amenaza puede transformarse mañana en un hecho consumado. Y entonces, será tarde para advertir.