Fabián Waldman ya lo advertía: crece la preocupación por ataques de cuentas trolls en Argentina

Mientras se intensifican las agresiones digitales que Waldman ya advertía contra,  periodistas, referentes sociales y políticos, Alejandro Rudler lanza una investigación para documentar amenazas y discursos de odio organizados.


Redacción Revista El Comercio – 18 de julio de 2025

El reconocido periodista y analista político Fabián Waldman —recientemente despedido de Diputados TV— ya lo había advertido meses atrás al vocero presidencial Manuel Adorni: las redes sociales están siendo utilizadas como plataformas de ataque sistemático mediante cuentas trolls organizadas. Adorni, en aquel entonces, respondió de manera evasiva: "Si tiene pruebas, haga la denuncia correspondiente".


Hoy, las advertencias de Waldman —de amplia trayectoria en medios y con una mirada crítica sobre la transparencia institucional— toman fuerza ante la creciente escalada de violencia digital que está sufriendo el país.


Uno de los principales blancos de esta campaña de hostigamiento es Alejandro Rudler, activista por los derechos humanos y fundador de Libertarios Unidos, el mismo espacio que originalmente impulsó a Javier Milei a la presidencia de la Nación. Paradójicamente, hoy es atacado por sectores que lo acusan de "kirchnerista", "zurdo" o incluso "enemigo del país", mientras recibe amenazas de desaparición forzada, injurias antisemitas y acusaciones infundadas de delitos penales.


Frente a esta situación, Rudler ha iniciado un riguroso trabajo de recopilación y análisis de cuentas trolls, con el objetivo de presentar un nuevo informe actualizado ante organismos internacionales como Naciones Unidas, Human Rights Watch, Oipol & Oijust y Amnistía Internacional, sumadas las organizaciones que él dirige e integra. La iniciativa también busca convocar a otras víctimas de ataques sistemáticos en redes, con la intención de visibilizar y detener este tipo de violencia coordinada, que muchas veces combina métodos manuales con automatización digital.


“Lo que sucede en las redes no es menor. Las campañas de odio, la desinformación, las amenazas constantes, terminan afectando seriamente la democracia y los derechos humanos", expresó Rudler en un comunicado reciente.


La investigación también apunta a la necesidad urgente de que el Estado argentino garantice la libertad de expresión sin ningún tipo de violencia, y frene lo que muchas voces consideran una nueva forma de persecución ideológica y cibernética.

El fenómeno del uso de cuentas trolls o bots para atacar disidencias no es nuevo en Argentina ni en América Latina. Durante la última década, múltiples investigaciones académicas y periodísticas han documentado el empleo de estrategias digitales coordinadas para influenciar la opinión pública, amedrentar opositores y construir narrativas favorables al poder.


En 2018, el entonces periodista Luis Majul presentó una investigación sobre la existencia de “tropas digitales” asociadas al macrismo, acusando a operadores cercanos al gobierno de Mauricio Macri de manipular redes sociales.


En 2020, estudios del Observatorio de Redes de la UBA y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) también alertaron sobre la creciente polarización y violencia verbal en Twitter, especialmente en contextos de elecciones o crisis institucionales.


Ya en 2023, informes del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA) vincularon el uso de cuentas falsas con la propagación de discursos violentos y antidemocráticos. Según el informe, “el fenómeno troll se convierte en una herramienta eficaz para instalar temas, deslegitimar adversarios y condicionar el debate público”.


Aunque cada gestión gubernamental ha negado vínculos directos con estas prácticas, las agresiones sistemáticas a periodistas, referentes sociales, artistas y opositores se han mantenido como una constante peligrosa, especialmente desde cuentas que actúan con impunidad y suelen utilizar lenguaje violento y falsas acusaciones. 


En este escenario, el trabajo de figuras como Waldman y Rudler adquiere una relevancia crucial, al visibilizar lo que muchos han naturalizado: el odio organizado también es una forma de violencia política.